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Es Hora

Futuro es la nueva propuesta de la bailarina y directora Mayra Bonard. Allí aborda una reconstrucción del Génesis, donde todo está invertido: el diablo es místico y elevado, Eva es casi una androide y Adán desea, pero no tiene poder.
Por Sonia Jaroslavsky
Pagina 12

12 de abril de 2013

Es Hora

Mayra Bonard, quien fue una de las fundadoras e integrante del mítico grupo El Descueve, estrena su último espectáculo interpretado por Emanuel Zaldua, Rocío Mercado y Damián Malvacio, un relato íntimo que tenderá a la abstracción y tiene un espíritu inconformista, punk: “Así he sido yo siempre a la hora de crear. No me interesa nada de lo establecido. Sí me interesa el cuestionamiento. Por eso aparecen en escena preguntas que todos tenemos, esas preguntas fundamentales que ni siquiera sabemos formularles a nuestras parejas o padres o amigos más cercanos: ¿por qué tengo miedo?, ¿por qué estoy condenado a estar incompleto?, ¿por qué tengo que anhelar? Estas preguntas no tienen respuesta porque no están hechas para ser preguntadas ni formuladas: son un vacío tanto en la religión como en el arte como en la filosofía, son la paradoja de nuestras vidas… Las reflexiones aparecerán en el espectador a través de las imágenes que no admiten dudas: un tronco cortado habla por sí solo. Algunas monedas desparramadas indicarán lo suyo también. Creo que en la obra hay signos de época, inevitables e ineludibles. El Futuro es sólo un presente continuo. Es ahora”.

Los personajes de esta puesta del Génesis son humanizados pero, aunque hayan sucumbido al deseo y estén insatisfechos, no son humillados ni desterrados del Edén. Más bien se encuentran con el misterio de la propia existencia. “Los tres personajes son un poco niños y un poco animales. Ella es hermosa y monstruosa: está para atraer, pero no para dar. Todos están intervenidos por el deseo, un deseo que los colma, pero no pueden satisfacerlo porque cuando uno deja de ser animal o niño, todo se interpone con el deseo. El de mayor curva emocional es uno de los hombres: debe sortear un montón de siniestros obstáculos para llegar a la mujer.” La obra, sin embargo, no es solemne. A través del humor, la ironía y la ruptura de códigos, construye un relato sensorial, hipnótico.

El espacio-tiempo es el de un desierto donde no hay nada más que troncos cortados. Bonard dice que resulta doloroso ese paisaje, pero también hermoso. “Es una instalación plástica, un concepto estético. No se pueden mover un montón de troncos como si fueran plumas, entonces exigen un tiempo real en su manipulación. Lo que pidió el propio material lo tomé a favor: no quería efectos ni estímulos de más. Necesitaba un tiempo lento, en oposición a los tiempos que corren.”

Algunas de las fuentes-idea que tomó Mayra fueron los cuadros de Caravaggio o de Odd Nerdrum, “ya que ambos trabajaban cuerpos mutilados e imágenes fuertes, con una luz increíble. También pensé en Melancolía de Lars von Trier, que contrariamente a lo que pudiera parecer como oscuro, tiene mucha belleza y luminosidad, pero en un contrasentido, por eso asusta. La obra sugiere cierto estado del mundo: la persona más apta va a ser la melancólica, la incrédula, la que sabe aceptar con amor (y no con resignación) la muerte. La obra desarrolla a su modo muy sutil y lúdicamente ese mismo lenguaje de dudas, miedos y angustia que todos los adultos desarrollamos en la medida en que dejamos de ser animales y nos volvemos progresivamente humanos; es decir:nos culturizamos”.

Hay una escena de una belleza singular, en la que la bailarina sólo camina sobre un hombre durante cinco minutos, tomada de la mano del otro hombre. Bonard dice que la forma que más identifica expresivamente no tiene ninguna relación directa con lo que la mayoría entiende como danza. “Pero sostendré siempre que aunque no lo parezca, en mis espectáculos hay mucha danza, incluso cuando los bailarines no se mueven. Una caricia o un gesto también son danza.”