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La casa en movimiento | La Nación

LA NACION
Alejandro Cruz
10 de Noviembre, 2014

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La casa en movimiento | La Nación

Los trabajos de las coreógrafas Mayra Bonard, Luciana Acuña y Marina Sarmiento, en una mágica propuesta donde fue la casa de Victoria Ocampo

Al entrar en lo que fue la casa de Victoria Ocampo, en lo que es la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes todo parece estar en armonía, en cierto orden. Hasta el estilo racionalista de la casa y su tensión con el paisaje arquitectónico afrancesado parece haber encontrado su equilibrio.

Allí, todos los sábados de este mes tiene lugar esta nueva versión del ciclo Intervenciones en Danza Contemporánea. Este año, las convocadas fueron las bailarinas y coreógrafas Mayra Bonard, Luciana Acuña y Marina Sarmiento. Ellas son las que operan sobre el mapa de la casa de líneas depuradas, las que interviene, descubren, resignifican al espacio, a sus ecos, a los significantes históricos que se condensan en este espacio racionalista construido en 1929. En función tanto de sus trayectorias como por sus pasos actuales, las notables creadoras trazan un interesante mapa sobre las danza contemporánea de las tres últimas décadas.

Cuando Mayra fue a elegir el espacio lo recorrió varias veces. Buscaba una sensación, un signo. “Necesité un tránsito, salirme de los márgenes arquitectónicos a pesar de amar la arquitectura, ir de un lugar al otro, caminar. Eso lo encontré en el patio y, justamente, por eso decidí intervenirlo”, dice una de las fundadoras del mítico grupo El Descueve y cuyo trabajo abre la jornada del sábado.

“La casa es blanca, yo me volqué al color. La casa es básicamente de líneas puras, yo me volqué a la naturaleza más curva. Pensé ese patio como un lugar en sí mismo, lleno de fantasía, como la locación de un film erótico o también como una pintura de Caravaggio”, agrega.

El film erótico, los distintos juegos de luces del sol, el olor a tierra mojada, el ruido de las piedras, la polvoreda misma transformado en un hecho coreográfico lo llamó Selección natural. Es la primera propuesta de la tarde, la que abre el juego de una tarde cargada de imágenes y ecos.

“La casa es blanca, yo me volqué al color. La casa es básicamente de líneas puras, yo me volqué a la naturaleza más curva. Pensé ese patio como un lugar en sí mismo, lleno de fantasía, como la locación de un film erótico o también como una pintura de Caravaggio”, agrega la creadora de los espectáculos Grandes amigos y Cariño.

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El film erótico, los distintos juegos de luces, el olor a tierra mojada, el ruido de las piedras, la polvareda misma y las manzanas aplastadas se transforman en elementos constitutivos de este hecho coreográfico que llamó Selección natural. Es la primera propuesta de la tarde, la que abre el juego de sábado cargado de imágenes y resonancias. En este sensual entramado, los bailarines Damián Malvacio, Rocío Mercado y Federico Fontán, como la música de Jon Hopkins, se transforman en piezas clave de este modo en el que Mayra Bonard se apropia de la quietud del tiempo de la siesta. Los tres (estupendos) bailarines atraviesan una variedad de estados definidos por un sutil fluir de las emociones. En perspectiva, Selección natural es una bella y sensual manera de empezar el recorrido por esta casa racionalista en movimiento.

En el balcón

Le sigue el trabajo de Luciana Acuña, una de las fundadores del grupo Krapp, la cocreadora de Por el dinero y de otros tantas propuestas experimentales. Del patio del frente de la casa palermitana hay que ir arriba, a un salón del primer piso que da a un balcón que da al patio, que da a ese enclave tan parisino de Buenos Aires.

Cuando Luciana visitó la Casa de la Cultura, la única imagen que se le venía a la cabeza era gente sacándose la ropa. Decidió, casi arbitrariamente, que la intervención sería interpretada enteramente por strippers. También le vino a la mente un texto de la Ilíada. “En ese momento me di cuenta de que no había mejores intérpretes para esos textos que los strippers que podía encontrar en algún subsuelo de Buenos Aires. Fui a buscarlos, encontré dos, empezamos a ensayar, y después del primer ensayo, recibí un mail de uno de ellos”, explica ella. El mail decía: “No me es grato tener que comentarte esto, pero no es bueno para ustedes ni para mí que haga algo en lo que no me siento cómodo, ni a gusto”. En el estreno de anteayer, el otro stripper pegó el faltazo. Lo anunció el señor de la vigilancia, que, con total naturalidad, fue sumado a la propuesta y se pasea entre los guerreros y los actores que hacen de guerreros con total dominio de la situación. A la propuesta, al segundo mojón de la tarde, lo llamó Pequeña Troya.

“Entre la intervención coreográfica y la performance, Pequeña Troya es un lugar en el mundo, un balcón en donde alguien lee textos imposibles y hermosos, y los otros deambulan desorientados, obedeciendo indicaciones confusas. No sé si es un trabajo coreográfico, plástico, literario o qué. Acaso sea una gran ficción del poema más hermoso de la historia que se ensaya ante los ojos de los espectadores”, dice ella.

Los espectadores ven la acción desde adentro. Detrás de los vidrios del gran ventanal están ellos: los performers, los guerreros, Luciana leyendo el texto, el señor de vigilancia. El efecto tiene algo de radioteatro. O del ensayo de una obra de radioteatro accidentada, lúdica, desprolija y chispeante que habla de batallas, de guerreros, de traiciones, de pasiones. Si bien el tránsito tiene momentos mágicos, el texto parece no encontrar su anclaje con las acciones. Actúan Luis Biasotto, Edgardo Castro, Joel Ledesma (el stripper de verdad), Gabriela Gobbi y la misma Luciana Acuña. Y, claro, el señor de vigilancia, el que ahora anuncia que hay que subir un piso más. Es que arriba, en la biblioteca plagada de voces que tiene un gran ventanal, Marina Sarmiento, una de las integrantes del grupo KM29, propone O(H)CAMPO, recital coreográfico.

En la biblioteca

Cuando Marina recorrió la casa de Victoria Ocampo, le llamaron la atención sus dimensiones, la vinculación entre el adentro y el afuera. “A partir de una lectura introductoria sobre Victoria Ocampo en el mundo de la cultura de principios del siglo XX, me interesó ese vínculo directo entre la razón y la emoción que expresaba en diversos medios, sobre todo sus escritos autobiográficos (en general expresados en francés), como también el resultado de sus ambiciosos proyectos, como la casa racionalista construida por Bustillo”, recuerda esos primeros pasos del trabajo.

En la biblioteca de esa casa saca a relucir esa tensión entre la razón y la emoción, entre lo extranjero y lo local, entre el afuera y el adentro, entre el pasado y la actualidad. Propone un “recital coreográfico” -así lo llama la creadora de Lejos, otro potente montaje experimental-, que se vale de una bailarina, actriz y cantante superlativa. Es francesa y se llama Myriam Henne-Adda. Es la que se oye desde lejos acercándose a la biblioteca hasta apoderarse del cuarto, de las miradas, de las voces silenciadas en los libros, de las evocaciones, de las citas, de lo imprevisto. Acapara la atención. Es más: terminará en otro lugar de una casa llena de recovecos.

A casi dos horas de haberse iniciado el viaje por la casa, esta nueva edición del ciclo Intervenciones de Danza Contemporánea que organiza la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes llega a su fin. Tiene lugar los sábados de este mes. La entrada es gratuita. Si hay sol, como el del otro día, todo parece perfecto. Quizás el tono nublado también le siente bien a la casa, como a los tres trabajos coreográficos. Seguro que sí, o vale la pena sacarse la duda.